El dinero y la cultura siempre han tenido una relación
compleja. Los valores simbólicos de la segunda contrastan con la imagen
maquiavélica del primero. La idea de una cultura al servicio de la sociedad y
la autarquia de una producción artística que sólo quiere responder ante si
misma siempre pueden chocar con la necesidad de generar beneficio o asegurar
viabilidad financiera.
En épocas anteriores, el espacio profesional se reservaba
a los artistas de un cierto nivel, en una situación similar a la existente hoy
en las disciplinas deportivas: Todos podían ejercer por gusto o vocación, pero
sólo aquellos que realmente tuviesen un nivel superior podrían aspirar a vivir
de ello; sin embargo, en la actualidad, la cultura se presenta como un espacio
profesional para una amplia variedad de actores y eso genera otro escenario. El
de una actividad productiva en la que el desarrollo social no es siempre el
objetivo prioritario, aunque la carga simbólica del concepto Cultura, se
mantenga. Convertida en una actividad a la que se accede para ganarse el
sustento ¿Puede la cultura reclamar para si un aura que le deje fuera de las
reglas que rigen a todas las demás actividades económicas?
Desde su nacimiento, el Estado Nación asumió la
conservación de ciertos elementos culturales, aquellos que ayudaban a construir
y vertebrar el imaginario colectivo dentro del discurso nacional. El resto de
expresiones debían buscarse la vida encontrando mecenas, público, compradores.
Al irse complejizando la significación del concepto cultura, al ir creciendo el
Estado (hablamos del modelo europeo) asimilando en si más y mas competencias, y
al irse poniendo en valor la necesidad de elevar el nivel cultural de la
sociedad en su conjunto, la cultura se ha ido asumiendo como una
responsabilidad casi exclusiva de este, que debe proveer de recursos para
alimentar a todas las estructuras profesionales que permanentemente están
naciendo ya que debido a la importancia que la creatividad y la innovación
tienen en ella, su capacidad de producir nuevas propuestas es casi
infinita.
Decía que se ha dado por hecho que la Cultura debe ser
responsabilidad casi exclusiva del Estado.
¿Porque?
Una respuesta está el factor social: Si se entiende la
Cultura como un bien general, entonces el Estado debe proveer el acceso a la
misma. Esto deriva en una lectura estratégica: Se trata de proteger e
incentivar las señas de identidad de un país, de modo que proveer al desarrollo
de la producción artística y cultural es una manera de fortalecer y proteger la
propia existencia del Estado frente a los factores externos. También está el
aspecto económico. Durante las últimas décadas, la capacidad de generación de
riqueza de la actividad cultural ha servido como justificante a la inversión
pública a la espera de réditos económicos y políticos. Podríamos añadir otros
factores, la utilidad de la industria cultural para vertebrar territorios y
para brindar percepciones de integración social en poblaciones periféricas,
entre otras, pero tampoco se trata de hacer un manual sobre el tema.
Lo realmente importante es reflexionar sobre la incidencia
del factor económico. un factor que demasiadas veces provoca juegos de
intereses que arrancan a la actividad cultural de esa carga simbólica que la
hace especial.
Basta reflexionar un poco para comprender cuanto mal puede
hacer a la Cultura la gestión populista de presupuestos públicos, la
ignorancia, la falta de objetivos y todas las formas de corrupción y
clientelismo que la posesión de los recursos en manos poco preparadas puede
provocar así como la limitación que este contexto supone para el desarrollo de
un sector cultural privado (o independiente) fuerte.
A diferencia de otros pilares del Estado de Bienestar como
la salud o la educación, la producción cultural se expresa mediante miles de
pequeños proyectos con objetivos, formas y características particulares.
Estandarizarlos y estructurarlos es imposible sin destruir su esencia creadora.
El Estado puede directamente proveer Salud y Educación, pero sólo algunos y muy
específicos campos de la Cultura.
Esto no implica una desvinculación de este en la vida
cultural, sino un replanteamiento de su participación. A mi entender, el Estado
debería fomentar el desarrollo cultural mediante la integración de las artes en
la educación, mediante la generación de espacios de debate, reflexión, creación
y participación ciudadana, apoyo a la investigación y la reflexión teórica,
soporte financiero a proyectos culturales que demuestren su validez tanto para
la generación de empleo como para el desarrollo de productos útiles a la
sociedad, apoyar a las actividades culturales que posean valor estratégico,
responsabilizarse de la conservación del patrimonio. Es decir garantizar un
“contexto cultural" en la sociedad para que los productos que la Cultura
genera resulten apetecibles y valiosos.
El Estado debería desarrollar una estrategia cultural, que
fuese pactada a todos los niveles posibles, generar un marco legal para el
mecenazgo, incluso participar económicamente para facilitar la viabilidad de
proyectos culturales y el acceso a sus productos a la mayor parte de la
ciudadanía. Lo que no debe hacer es apropiarse del control de los medios de
producción ni generar una costumbre de gratuidad que significa competir
deslealmente con todos los profesionales de la cultura que desean subsistir por
sus propios medios sin depender de auspicos ni ayudas.
En contraparte, los actores culturales debemos entender
que la Cultura como espacio laboral, como oportunidad para ejercer nuestras
habilidades y ganarnos el sustento tiene las mismas reglas que cualquier otra
actividad económica. Que es posible generar una cantidad inmensa de
oportunidades de negocio desde este sector si se deja de suspirar por el dinero
público y se asumen las riendas del propio destino. Que de cara a las empresas,
la Cultura no es un adorno para el cual pedir dádivas sino un producto que
tiene mucho que aportar a nivel de imagen y de herramientas innovadoras; que de
cara al público, podemos y debemos estar atentos a sus necesidades y generar
productos de calidad a precios atractivos utilizando las herramientas del
marketing y la comunicación para llamar su atención y lograr que nos elija.