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lunes, 8 de diciembre de 2014

Harinera Zaragoza. El pan de la cultura compartida

Me gusta pensar la cultura como proceso.

Me gusta desde aquellos años como parte del colectivo de arte Zuakata, cuando sin ser capaz aún de conceptualizar lo que ocurría, participaba de la reflexión de la realidad y de la búsqueda de formas artísticas para explicar esa reflexión, para incitar nuevas preguntas, para establecer un diálogo con las personas que visitaban nuestra obra, con la sociedad en la que estábamos inmersos.

Me gusta la cultura como proceso porque creo en una sociedad en permanente - y cada vez más veloz - movimiento y creo que el arte y la acción cultural pueden permear a esa sociedad de modo que remueva e incite a cada uno de sus miembros. Me gustaría pensar que en algún momento de esa nebulosa a la que llamamos futuro no quedarán rebaños de personas sino individuos conscientes de su realidad, capaces de apropiarse de ella y participar activamente en la construcción de su mundo.

La crisis nos ha traído muchos problemas, ha destruido muchas cosas positivas, también algunos excesos, pero - como ocurre siempre - da paso a nuevas realidades que pueden nutrirse de lo aprendido y dar un paso adelante. Hemos pasado de una sociedad acomodada al despilfarro, acostumbrada a la exigencia y la indolencia a una sociedad que está recuperando el espíritu combativo, la capacidad de organización y acción. En ese contexto y en un momento necesitado de motivaciones, ¿es posible incitar a una comunidad a comprometerse con su evolución y ser parte del proceso?

Esta demostrado que las personas defendemos con mayor convicción los espacios, los proyectos y las herramientas cuando hemos participado en su creación. Todo proceso de empoderamiento ciudadano eficaz requiere de una apropiación emocional que por una parte nos vincule con lo generado y por otra nos permita revalorar nuestro papel y comprender que somos capaces de influir en la realidad que nos rodea. En esta nueva etapa post crisis quizás vea la luz un modelo participativo en el que la estructura pública, al menos la más cercana, y la sociedad civil, puedan trabajar juntas en la construcción de un modelo social mejorado.

¿Todo este discurso a que viene? se preguntará usted que me está leyendo. Pues viene a que estoy participando de un proceso social que está ocurriendo en estos días en Zaragoza. La reflexión sobre usos y programas del Espacio Creativo Harinera (antigua fábrica de harina ubicada en el barrio de San José). Un proyecto nacido desde el ayuntamiento de la ciudad que ha implicado en la reflexión de su diseño a la sociedad a través de colectivos de artistas y otros actores culturales. El proceso está guiado por un equipo de la organización Paisaje trasnversal (dejo el enlace para quien tenga interés en conocer su trabajo) y se enmarca en el concepto de inteligencia ciudadana, es decir, involucrar a la sociedad en el ejercicio de imaginar el espacio en el que a esta le toca vivir.

La consulta a la ciudadanía resulta fundamental para la generación de una imagen de la ciudad que represente a quienes la habitan. Preguntar a los futuros usuarios como creen que debe ser, que usos debería tener y como debería gestionarse un espacio, tiene grandes beneficios: Permite a quienes diseñan y a quienes deciden tomar en cuenta las necesidades reales de la población aportando puntos de vista, soluciones o necesidades que no podían haber sido consideradas de ninguna otra manera y a la vez favorece el proceso de apropiación de la urbe por parte de los ciudadanos haciendo a estos co-responsables del desarrollo de su ciudad y de sus espacios.

La reflexión y apropiación es un proceso de dinamización necesario para incitar y acelerar la maduración política de la población (entendida como participación en el ordenamiento de la ciudad y de su quehacer), puede ser el resultado de una autogestión o bien de la iniciativa pública. (La política como proceso, otra idea que me gusta en esa búsqueda de una sociedad de individuos conscientes y proactivos). En el caso del Espacio Creativo Harinera, la iniciativa ha sido gestionada y articulada desde el ayuntamiento. Si me preguntan, es algo que me gusta. Sin que me vaya en nada el color político municipal y sin que esté muy al tanto de sus tejes y manejes, la gestión actual, a la luz de sus intervenciones, responde - a mi entender - a una estrategia que promueve el empoderamiento civil así como el desarrollo de varias iniciativas tendientes a mejorar la sostenibilidad y "amabilidad" de Zaragoza, es decir el modelo de gestión más adecuado para los asentamientos urbanos si tomamos en cuenta que según Naciones Unidas, un 70% de la población humana habitará en ciudades para el año 2050 (si el planeta existe para entonces) y que la única forma de evitar que esta acumulación resulte insostenible será evolucionar hacia ciudades cada vez más funcionales y ecológicamente conscientes. Resulta indispensable involucrar a la población en este proceso para poder alcanzar algún nivel de éxito

Pienso en la importancia de un punto al que me he referido ya y es la maduración de la sociedad civil hacia una co-rresponsabilidad en la determinación de su destino. El acceso a espacios de libertad cada vez más amplios aporta derechos (que a todos nos gustan) e implica obligaciones y riesgos (que no siempre gustan tanto) Considero importante romper con viejos modelos Estado-dependientes y concienciarnos de que la libertad de pensamiento, de acción, de elección del destino implica (o debería implicar) también una mayor independencia personal y social un hecho que se puede tangibilizar, por ejemplo, mediante la creación de medios de producción desde el emprendimiento, el cooperativismo u otros sistemas que permitan la apropiación del destino laboral  o, también, el control a la gestión de los poderes públicos para que cumplan la función para la cual existen y generar formas de equilibrio que frenen los abusos de los grandes poderes privados.

Quisiera quedarme con la idea con la que empecé este post. La cultura no son sólo objetos, no son sólo espectáculos, no es tan sólo un producto artístico ni un procentaje del PIB de los paises. La cultura, por sobre todo es una experiencia que nos hace preguntarnos, buscar respuestas, experimentar, fallar, empezar nuevamente. La cultura ante todo es un proceso y gracias a ella seguimos evolucionando como especie.




domingo, 30 de junio de 2013

El factor economico en la cultura.


El dinero y la cultura siempre han tenido una relación compleja. Los valores simbólicos de la segunda contrastan con la imagen maquiavélica del primero. La idea de una cultura al servicio de la sociedad y la autarquia de una producción artística que sólo quiere responder ante si misma siempre pueden chocar con la necesidad de generar beneficio o asegurar viabilidad financiera.   
  
La Cultura como hecho social, las artes que nacen y se mestizan en las calles, nuestro ejercer las tradiciones y costumbres que nos fueron legadas, el ejercicio personal de creación, el desarrollo de fórmulas para intercambiar, socializar, responder a nuevos escenarios. Todo aquello que significa la cultura en su sentido más amplio pero se queda en el campo del disfrute y la experiencia no tiene que ver - al menos directamente - con el hecho económico. Sin embargo, cuando nos planteamos la cultura como actividad profesional, la perspectiva cambia.     

En épocas anteriores, el espacio profesional se reservaba a los artistas de un cierto nivel, en una situación similar a la existente hoy en las disciplinas deportivas: Todos podían ejercer por gusto o vocación, pero sólo aquellos que realmente tuviesen un nivel superior podrían aspirar a vivir de ello; sin embargo, en la actualidad, la cultura se presenta como un espacio profesional para una amplia variedad de actores y eso genera otro escenario. El de una actividad productiva en la que el desarrollo social no es siempre el objetivo prioritario, aunque la carga simbólica del concepto Cultura, se mantenga. Convertida en una actividad a la que se accede para ganarse el sustento ¿Puede la cultura reclamar para si un aura que le deje fuera de las reglas que rigen a todas las demás actividades económicas?    
Desde su nacimiento, el Estado Nación asumió la conservación de ciertos elementos culturales, aquellos que ayudaban a construir y vertebrar el imaginario colectivo dentro del discurso nacional. El resto de expresiones debían buscarse la vida encontrando mecenas, público, compradores. Al irse complejizando la significación del concepto cultura, al ir creciendo el Estado (hablamos del modelo europeo) asimilando en si más y mas competencias, y al irse poniendo en valor la necesidad de elevar el nivel cultural de la sociedad en su conjunto, la cultura se ha ido asumiendo como una responsabilidad casi exclusiva de este, que debe proveer de recursos para alimentar a todas las estructuras profesionales que permanentemente están naciendo ya que debido a la importancia que la creatividad y la innovación tienen en ella, su capacidad de producir nuevas propuestas es casi infinita.   

Decía que se ha dado por hecho que la Cultura debe ser responsabilidad casi exclusiva del Estado. 
    
¿Porque?     

Una respuesta está el factor social: Si se entiende la Cultura como un bien general, entonces el Estado debe proveer el acceso a la misma. Esto deriva en una lectura estratégica: Se trata de proteger e incentivar las señas de identidad de un país, de modo que proveer al desarrollo de la producción artística y cultural es una manera de fortalecer y proteger la propia existencia del Estado frente a los factores externos. También está el aspecto económico. Durante las últimas décadas, la capacidad de generación de riqueza de la actividad cultural ha servido como justificante a la inversión pública a la espera de réditos económicos y políticos. Podríamos añadir otros factores, la utilidad de la industria cultural para vertebrar territorios y para brindar percepciones de integración social en poblaciones periféricas, entre otras, pero tampoco se trata de hacer un manual sobre el tema.     

Lo realmente importante es reflexionar sobre la incidencia del factor económico. un factor que demasiadas veces provoca juegos de intereses que arrancan a la actividad cultural de esa carga simbólica que la hace especial.     

Como he señalado antes, existe una corriente de pensamiento muy asentada que considera que la produccción de Cultura debería ser una responsabilidad casi exclusiva del Estado. A mi entender esta visión nace de una comprensión sesgada del significado de "facilitar el desarrollo cultual de la sociedad en su conjunto" pero además provoca problemas que se supondrían superados en una sociedad de nuestro tiempo: La existencia de un solo gran cliente (el Estado) nos hace volver a épocas en las que la producción artística debía responder a los lienamientos, gustos y censura de esa voluntad única. Al ser el Estado el comprador de una producción que luego se brindará gratuitamente o a precios irrisorios, se elimina o dificulta tremendamente la posibilidad de que productores que por cualquier razón no estén dentro de la red estatal puedan subsistir por sus propios medios.   
  
Basta reflexionar un poco para comprender cuanto mal puede hacer a la Cultura la gestión populista de presupuestos públicos, la ignorancia, la falta de objetivos y todas las formas de corrupción y clientelismo que la posesión de los recursos en manos poco preparadas puede provocar así como la limitación que este contexto supone para el desarrollo de un sector cultural privado (o independiente) fuerte.       

A diferencia de otros pilares del Estado de Bienestar como la salud o la educación, la producción cultural se expresa mediante miles de pequeños proyectos con objetivos, formas y características particulares. Estandarizarlos y estructurarlos es imposible sin destruir su esencia creadora. El Estado puede directamente proveer Salud y Educación, pero sólo algunos y muy específicos campos de la Cultura.    
 
Esto no implica una desvinculación de este en la vida cultural, sino un replanteamiento de su participación. A mi entender, el Estado debería fomentar el desarrollo cultural mediante la integración de las artes en la educación, mediante la generación de espacios de debate, reflexión, creación y participación ciudadana, apoyo a la investigación y la reflexión teórica, soporte financiero a proyectos culturales que demuestren su validez tanto para la generación de empleo como para el desarrollo de productos útiles a la sociedad, apoyar a las actividades culturales que posean valor estratégico, responsabilizarse de la conservación del patrimonio. Es decir garantizar un “contexto cultural" en la sociedad para que los productos que la Cultura genera resulten apetecibles y valiosos.      

El Estado debería desarrollar una estrategia cultural, que fuese pactada a todos los niveles posibles, generar un marco legal para el mecenazgo, incluso participar económicamente para facilitar la viabilidad de proyectos culturales y el acceso a sus productos a la mayor parte de la ciudadanía. Lo que no debe hacer es apropiarse del control de los medios de producción ni generar una costumbre de gratuidad que significa competir deslealmente con todos los profesionales de la cultura que desean subsistir por sus propios medios sin depender de auspicos ni ayudas.      

En contraparte, los actores culturales debemos entender que la Cultura como espacio laboral, como oportunidad para ejercer nuestras habilidades y ganarnos el sustento tiene las mismas reglas que cualquier otra actividad económica. Que es posible generar una cantidad inmensa de oportunidades de negocio desde este sector si se deja de suspirar por el dinero público y se asumen las riendas del propio destino. Que de cara a las empresas, la Cultura no es un adorno para el cual pedir dádivas sino un producto que tiene mucho que aportar a nivel de imagen y de herramientas innovadoras; que de cara al público, podemos y debemos estar atentos a sus necesidades y generar productos de calidad a precios atractivos utilizando las herramientas del marketing y la comunicación para llamar su atención y lograr que nos elija.








domingo, 14 de abril de 2013

¿De que Cultura hablamos? (o, hacia una Cultura, con nombre y apellido)


Polisemia, se define como una palabra con varios significados. El término ha pasado de la lingüística a otros campos, en particular en el mundo del arte. Es útil, por ejemplo, cuando alguien presenta un papel escrito y dice que ha hecho una escultura y tu respondes que eso es un papel escrito "..es que no entiendes el metalenguaje que subyace en la esencia del discurso, es necesaria una lectura polisémica que ponga en valor el objeto escritura en su dimensión escultórica..." Recibes una respuesta del estilo, y como el arte es autárquico, el asunto va a misa.

El multisignificado gusta en el mundo de la alta cultura, será por eso que se utiliza tanto. El problema es que, en algunos campos, que un concepto lo sea en demasía puede ser un serio problema. 

Lo es en la comunicación. Desde el inicio de nuestra evolución, nuestra mente ha necesitado discernir velozmente, tomar decisiones con pocos datos disponibles, por ello desecha la información confusa y se centra en aquella que es clara. esta regla opera en el lenguaje, donde un concepto es mejor mientras más claro y preciso resulte. En 1969 Jack Trout acuñó uno de los conceptos mas potentes de la comunicación: El posicionamiento, la percepción mental  que se tiene de una palabra, marca, imagen. Mientras más clara, concisa y relevante resulte la información que se transmite para el receptor del mensaje, mejor será la respuesta de este.

Y llegamos a la cultura, no al hecho, sino a la palabra. Cultura es un concepto complicado, ha ido evolucionando a lo largo de los últimos siglos, y hoy en día es peligrosamente polisémico. A la evidencia me repito:  Al decir cultura uno puede referirse, según el contexto en que se use la palabra, a una industria, una tradición, un sistema que genera íconos de masas y referentes sociales,  un proyecto de vertebración regional, un bien intangible que aumenta nuestra conciencia de ciudadanos, una actividad que dinamiza territorios, un servicio social, una línea de actividad económica, un centro de conservación y muchas cosas más.  Según la Wikipedia, en el año 1952 Alfred Kroeber y Clyde Kluckhohn compilaron una lista de 164 definiciones de "cultura" en el libro Cultura: Una reseña crítica de conceptos y definiciones. 

La variedad de significados, significa también variedad de relaciones, lo que puede ser verdad para ciertos campos, no lo será para otros. pongo ejemplos:  
"La cultura nos hace mejores" ¿Una empresa de videojuegos o los encierros de Pamplona?
"La cultura debe ser subvencionada" ¿Un concierto de Shakira o una sastería de trajes tradicionales?
"Los que trabajan en cultura están forrados y son unos engreidos ¿El guía de un museo? ¿un técnico de luces?  
"Los que trabajan en cultura son unos vagos" ¿Se referirá a mi amigo Toni que programa festivales y ciclos de cine en los tiempos libres que le dejan su trabajo de maestro y su familia?
"La cultura es una alternativa al ocio" ¿Las tradiciones, la historia, la educación en áreas no científicas?

La diferencia se puede aclarar, pero la comunicación eficaz enseña que si un concepto necesita explicaciones, no es efectivo, no para una transmisión rápida y clara de ideas. No para el posicionamiento.

Los involucrados en la cultura nos solemos quejar de la poca importancia real que la cultura tiene para la población o para los políticos, pero ¿que hemos hecho para producir un discurso que cambie esa dinámica?

En primer lugar sería importante definir nosotros mismos a que nos referimos con cultura, porqué pensamos que esta es importante. A mi entender, todos, consciente o inconscientemente incluimos en nuestra definición particular el sentido clásico del término, que venía a ser cultivar, el alma según Ciceron, o la individualidad y la expresión plena del ser auténtico, según Rouseeau. Un estado en el cual la ignorancia y la superstición sean superadas por el conocimiento y la sensibilidad (el arte y la ciencia). Un proceso de cultivación que se recoge en el conjunto de saberes, conocimientos y conductas de una sociedad. Pienso que todos los que creemos que la cultura es importante los hacemos porque vemos en ella a un conjunto de valores humanos, una herramienta que nos permite pensar, reflexionar, y por ello, ser más libres.


El problema es que eso no es lo que se transmite al individuo de la calle, el problema, es que sin un concepto concreto, que genere un posicionamiento claro. La cultura, en el sentido que he definido, corre el peligro de ser una más de las cosas que desaparezcan dentro de una "cultura" de la superficialidad, la instantaneidad y la sobreexposición informativa.

Es importante por tanto desechar el atávico rechazo de muchos actores culturales por elementos de gestión eficaz (marketing, comunicación, eficacia administrativa) y trabajar para construir un posicionamiento claro y potente para la cultura. Aunque parezca una tontería uno de los primeros pasos para ello es ser más precisos en el uso del concepto"Cultura"

Me puse a buscar casos parecidos y me encontré con otro sustantivo que haya tenido el mismo problema y lo encontré en "sociedad" salvo que en este caso, desde hace ya varios siglos y para evitar confusión, todas las referencias específicas tienen un segundo sustantivo que, a modo de desinencia, aclaran el sentido de la expresión, verbigracia: Sociedad civil, sociedad financiera, sociedad artística, sociedad anónima, sociedad de beneficencia y todo el resto. 

¿Que posibilidad habría de que los participantes de la vida cultural, fuesemos capaces de consensuar, utilizar y exigir a los organismos oficiales, medios de comunicación, asociaciones y demás entes que vehiculizan la información pública, además de ejercer activamente en blogs, artículos, conferencias y demás, un uso racional del término, aclarar previamente que queremos decir y utilizar una serie de conceptos como "Empresas culturales", "Obras artísticas" "Cultura escénica" "Servicios culturales" cuando sea posible, en lugar de utilizar siempre el fácil recurso de hablar de Cultura?

Aparte de lograr claridad hacia fuera, quizas la logremos también hacia dentro y se nos haga más facil comprender que la participación y aprendizaje en la cultura debe ser un bien público; los productos culturales, no todos. Dentro de la cultura coexisten áreas que requieren planificación, políticas y estrategias consensuadas a nivel local, regional o incluso estatal; otras para las cuales debemos exigir un interés e involucramiento público, pero también otras, y son muchas, en las cuales se debe dejar espacio libre a la creatividad y capacidad de los productores para que estos generen productos suficientemente atractivos como para llamar la atención y generar el consumo del público; pero consumir no por gratuidad, sino porque el mencionado producto tiene un valor intrínseco que lo hace deseable. ... ¿Suena dificil? ¿No lo han logrado los fabricantes de cerveza y de zapatos? ¿Porque no pueden hacerlo los productores culturales?


domingo, 28 de octubre de 2012

El Master de Cultura de la Universidad de Zaragoza queda en suspenso

Interpretar la realidad es siempre un ejercicio de alto riesgo.
Convertir un hecho o una cadena de ellos en una hipótesis sobre las motivaciones que llevan a los individuos o a un conjunto social a actuar de una manera es probablemente un intento fallido desde el inicio, ya que presupone una interpretación parcial, segmentada e incompleta. Pero la realidad es que, desde el conversador que decide dar un giro a sus argumentos para convencer a sus interlocutores, hasta los filósofos y estudiosos de más rancio copete, los seres humanos nos pasamos la vida haciéndolo. Es un requisito obligatorio para la conviviencia, en nuestra condición de seres endoplásmáticos obligados a interactuar con un mundo exterior que sólo podemos percibir con el tacto y las antenas.
Hace un par de días me enteré de que el Master en Gestión y Políticas Culturales de la Universidad de Zaragoza no se celebra este año. Entra en hibernación - por el momento - hasta comprobar si procede a la desmaterialización definitiva o si sólo debe tomarse un respiro para recuperar el aliento. La noticia me ha generado el inevitable flujo de reflexiones que dan lugar - una vez más - a una interpretación que me interesa compartir porque viene a cuento de una serie de reflexiones que vengo acumulando sobre la actividad cultural en España.
En mi perspectiva, probablemente mediatizada por el modelo universitario y profesional americano que da mucho menos espacio a la intervención estatal en la vida civil, entiendo un Master como un nivel de formación especializada que permite al profesional acceder a un tipo de conocimientos, prácticas y herramientas que le van a permitir elevar su nivel profesional y por ende subir en la escala profesional mediante mayor reconocimiento y mejores ingresos. Este presupuesto implica también la existencia de un mercado laboral necesitado del tipo de conocimientos que el profesional así formado podrá aportar. Despues de unos años en España no se si el sentido que tiene un postgrado, al menos uno como el que aquí comento es el que he explicado o más bien el de curso de especialización. Por el momento dejo el apunte allí, que luego me servirá para enlazarlo con otras ideas. Me interesa reflexiona sobre la suspensión del programa, sus razones y sus posibles oportunidades.
Estamos sufirendo en España - como parte de la actual crisis económica - un verdadero shock en el campo de la cultura. Un modelo completo, desarrollado sobre el concepto de la subvención estatal se está viniendo abajo y no estoy al corriente de cuantas reflexiones serias sobre alternativas de futuro existen, pero aunque las hubiera, entre el discurso teórico y la reconversión real del profesional de a pie, suele haber un desfase temporal que no se resuelve en el corto plazo, ni aunque ayudas importantes para guiar la misma y reducir los tiempos.  Me parece evidente que el Master de la Universidad de Zaragoza se generó con el objetivo de dotar de profesionales cualificados en la Gestión Cultural a un sistema público desprovisto de los mismos en la Comunidad, salvo aquellos formados en la experiencia o en programas académicos de otras comunidades o paises.  El primer problema entonces es que el mercado objetivo inicial (El estado, las administraciones locales y demás instituciones) ha reducido su demanda.  Ciertamente, la autogeneración de empleo y proyectos privados también han demandado - y se han nutrido - de los graduados del Master, pero en mi conocimiento, la incidencia de estos campos profesionales es relativamente menos relevante. 
Un segundo problema es que una parte importante de los graduados no han alcanzado el reconocimiento profesional que debería venir asociado a la obtención del Titulo. Los motivos pueden ser muchos, quizas asociados a esa idea de "curso de especialización" de que hablé antes, más que asociados a aspectos de la calidad del Master. De hecho, aunque un poco dispersa (debilidad producida por el intento de cubrir todo el espectro de la actividad profesional) la estructura académica y el nivel del profesorado, puede considerarse de un nivel más que suficiente y en muchos casos, muy alto. Sin embargo el nivel de validación, o al menos la validación entre los posibles estudiantes, debe haber fallado en algún punto, en caso contrario se habría conseguido dotar al titulo del brillo suficiente como para hacerlo apatecible y garantizar su subsistencia. (En este punto, no conozco la medida en que la crisis haya afectado a otros programas de postgrado a fin de poder dar una perspectiva mayor a mi razonamiento)
El tercer problema, tan sistémico como al primero, a mi entender, e íntimamente relacionado al mismo: La desmotivación generada por la crisis de un modelo de pensamiento arraigado en la sociedad. Si se entiende que la gestión profesional de la cultura debe ser una responsabilidad del estado, y este se encuentra en un momento de crisis, se produce la sensación de vacío. ¿y que sentido tiene el esfuerzo de formarse si no va a provocar ningún beneficio porque no existe campo para el ejercicio profesional?
Quizas sea este el punto más importante a atacar para recuperar el interés y el atractivo en el Master. El Estado se encuentra incapacitado por su falta de medios para volver a asumir la tracción de la maquinaria de la cultura, este es un hecho inevitable y lo importante es buscar alternativas que permitan a futuro la diversificación de motores para la vida cultural. Reflexionar sobre nuevas oportunidades, mejor aprovechamiento de recursos, desde la Universidad, orientar y participar en la bíúsqueda y creación de nuevas fórmulas para una cultura que, como todas las actividades humanas, deben ser validadas por la propia sociedad de la que nacen si quieren garantizar su existencia.
Por el momento, sólo queda esperar y para ver si el Master en Cultura de la Universidad de Zaragoza es capaz de lucir nuevamente sus mejores galas.  

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Carta abierta contra el cierre del Itae

CARTA ABIERTA DEL ITAE A LA CIUDADANIA

Guayaquil, 11 de noviembre de 2009

Desde la misma fundación del ITAE, el Banco Central ha incumplido sus compromisos con una institución que fue creada por él mismo.

Durante meses, el Presidente de su actual Directorio, Ingeniero Carlos Vallejo, se ha negado a atender a los directivos y alumnos del ITAE, delegando en los mismos tecnócratas que en tiempos de Lucio Gutiérrez ya intentaron enterrar y aniquilar un proyecto artístico y universitario sin precedentes en Guayaquil y en toda la costa ecuatoriana.

Un Instituto que con todo en contra, empezando por el boicot sistemático de su propio promotor, ha logrado en apenas cinco años convertirse en una referencia crucial del arte y la educación universitaria en el país, como lo demuestran los más de 60 premios nacionales e internacionales que nuestros alumnos y profesores han recibido.

Por su parte, el Ministro de Cultura, Ramiro Noriega, ha sido incapaz de hacer implementar las políticas que, con respecto al ITAE, él mismo entiende y ha defendido como las más sencillas e indicadas.

Hoy el ITAE esta a punto de desaparecer. No es posible que justamente en esta época se condene a los artistas a convertirse en limosneros o en mártires. Por ello, los alumnos y profesores del ITAE exigimos que el Ing. Vallejo, el Ministro Noriega y quien sea que ocupe la Gerencia General del Banco, con todo y sus asesores, se reúnan en Guayaquil con nosotros, para en un día de trabajo dar una solución definitiva a nuestra problemática.

Asimismo, solicitamos a todos y a todas quienes conocen el trabajo, el rigor y el compromiso del ITAE, en el Ecuador y fuera de el, a solidarizarse con nosotros. Nuestra decisión, hasta que se realice la reunión que estamos exigiendo, no será la de suspender ni interrumpir nuestra actividades docentes y creativas, sino la de desplazar las mismas hasta el edificio de la Sucursal Mayor del Banco Central en Guayaquil.

Ahí, al aire libre, en contra del imperio de la tecnocracia, vamos a reafirmar el valor de nuestro trabajo, desarrollando todas nuestras actividades, abiertas a que la ciudadanía en general, participe de ellas.

Atentamente,

Los estudiantes y profesores del ITAE