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lunes, 8 de diciembre de 2014

Harinera Zaragoza. El pan de la cultura compartida

Me gusta pensar la cultura como proceso.

Me gusta desde aquellos años como parte del colectivo de arte Zuakata, cuando sin ser capaz aún de conceptualizar lo que ocurría, participaba de la reflexión de la realidad y de la búsqueda de formas artísticas para explicar esa reflexión, para incitar nuevas preguntas, para establecer un diálogo con las personas que visitaban nuestra obra, con la sociedad en la que estábamos inmersos.

Me gusta la cultura como proceso porque creo en una sociedad en permanente - y cada vez más veloz - movimiento y creo que el arte y la acción cultural pueden permear a esa sociedad de modo que remueva e incite a cada uno de sus miembros. Me gustaría pensar que en algún momento de esa nebulosa a la que llamamos futuro no quedarán rebaños de personas sino individuos conscientes de su realidad, capaces de apropiarse de ella y participar activamente en la construcción de su mundo.

La crisis nos ha traído muchos problemas, ha destruido muchas cosas positivas, también algunos excesos, pero - como ocurre siempre - da paso a nuevas realidades que pueden nutrirse de lo aprendido y dar un paso adelante. Hemos pasado de una sociedad acomodada al despilfarro, acostumbrada a la exigencia y la indolencia a una sociedad que está recuperando el espíritu combativo, la capacidad de organización y acción. En ese contexto y en un momento necesitado de motivaciones, ¿es posible incitar a una comunidad a comprometerse con su evolución y ser parte del proceso?

Esta demostrado que las personas defendemos con mayor convicción los espacios, los proyectos y las herramientas cuando hemos participado en su creación. Todo proceso de empoderamiento ciudadano eficaz requiere de una apropiación emocional que por una parte nos vincule con lo generado y por otra nos permita revalorar nuestro papel y comprender que somos capaces de influir en la realidad que nos rodea. En esta nueva etapa post crisis quizás vea la luz un modelo participativo en el que la estructura pública, al menos la más cercana, y la sociedad civil, puedan trabajar juntas en la construcción de un modelo social mejorado.

¿Todo este discurso a que viene? se preguntará usted que me está leyendo. Pues viene a que estoy participando de un proceso social que está ocurriendo en estos días en Zaragoza. La reflexión sobre usos y programas del Espacio Creativo Harinera (antigua fábrica de harina ubicada en el barrio de San José). Un proyecto nacido desde el ayuntamiento de la ciudad que ha implicado en la reflexión de su diseño a la sociedad a través de colectivos de artistas y otros actores culturales. El proceso está guiado por un equipo de la organización Paisaje trasnversal (dejo el enlace para quien tenga interés en conocer su trabajo) y se enmarca en el concepto de inteligencia ciudadana, es decir, involucrar a la sociedad en el ejercicio de imaginar el espacio en el que a esta le toca vivir.

La consulta a la ciudadanía resulta fundamental para la generación de una imagen de la ciudad que represente a quienes la habitan. Preguntar a los futuros usuarios como creen que debe ser, que usos debería tener y como debería gestionarse un espacio, tiene grandes beneficios: Permite a quienes diseñan y a quienes deciden tomar en cuenta las necesidades reales de la población aportando puntos de vista, soluciones o necesidades que no podían haber sido consideradas de ninguna otra manera y a la vez favorece el proceso de apropiación de la urbe por parte de los ciudadanos haciendo a estos co-responsables del desarrollo de su ciudad y de sus espacios.

La reflexión y apropiación es un proceso de dinamización necesario para incitar y acelerar la maduración política de la población (entendida como participación en el ordenamiento de la ciudad y de su quehacer), puede ser el resultado de una autogestión o bien de la iniciativa pública. (La política como proceso, otra idea que me gusta en esa búsqueda de una sociedad de individuos conscientes y proactivos). En el caso del Espacio Creativo Harinera, la iniciativa ha sido gestionada y articulada desde el ayuntamiento. Si me preguntan, es algo que me gusta. Sin que me vaya en nada el color político municipal y sin que esté muy al tanto de sus tejes y manejes, la gestión actual, a la luz de sus intervenciones, responde - a mi entender - a una estrategia que promueve el empoderamiento civil así como el desarrollo de varias iniciativas tendientes a mejorar la sostenibilidad y "amabilidad" de Zaragoza, es decir el modelo de gestión más adecuado para los asentamientos urbanos si tomamos en cuenta que según Naciones Unidas, un 70% de la población humana habitará en ciudades para el año 2050 (si el planeta existe para entonces) y que la única forma de evitar que esta acumulación resulte insostenible será evolucionar hacia ciudades cada vez más funcionales y ecológicamente conscientes. Resulta indispensable involucrar a la población en este proceso para poder alcanzar algún nivel de éxito

Pienso en la importancia de un punto al que me he referido ya y es la maduración de la sociedad civil hacia una co-rresponsabilidad en la determinación de su destino. El acceso a espacios de libertad cada vez más amplios aporta derechos (que a todos nos gustan) e implica obligaciones y riesgos (que no siempre gustan tanto) Considero importante romper con viejos modelos Estado-dependientes y concienciarnos de que la libertad de pensamiento, de acción, de elección del destino implica (o debería implicar) también una mayor independencia personal y social un hecho que se puede tangibilizar, por ejemplo, mediante la creación de medios de producción desde el emprendimiento, el cooperativismo u otros sistemas que permitan la apropiación del destino laboral  o, también, el control a la gestión de los poderes públicos para que cumplan la función para la cual existen y generar formas de equilibrio que frenen los abusos de los grandes poderes privados.

Quisiera quedarme con la idea con la que empecé este post. La cultura no son sólo objetos, no son sólo espectáculos, no es tan sólo un producto artístico ni un procentaje del PIB de los paises. La cultura, por sobre todo es una experiencia que nos hace preguntarnos, buscar respuestas, experimentar, fallar, empezar nuevamente. La cultura ante todo es un proceso y gracias a ella seguimos evolucionando como especie.




sábado, 8 de diciembre de 2012

Cultura en femenino

Es curioso lo mucho que podemos tardar en darnos cuenta de lo ingenuas o ignorantes que son algunas de nuestras visiones del mundo.

Sentadito y tranquilo en mi vereda, me había convencido de que la discriminación sexual era un problema relativamente residual en occidente. Territorio de grupos sociales concretos, de abuelos retrogrados y tribus urbanas en declive.  Mi experiencia de 12 años en Italia y España, y la lectura de información respecto a paises del entorno me había llevado además (y esa lectura se mantiene) a pensar en ello como un problema profundamente arraigado en el mediterráneo, tanto en la ribera cristiana como en la musulmana (quizas porque, aunque la primera vaya evolucionando poco a poco, las tres religiones monoteistas, que son factor fundamental de la identidad de estos pueblos, son profundamente machistas)  

Una cosa es estar despistado y otra ser un completo ignorante. Soy conciente del machismo latinoamericano (¿no inventamos nosotros al "macho latino"?) pero esa realidad lamentable convive con una prolífica vanguardia femenina que se mueve en todos los campos. Crecí viendo en los medios de comunicación a ministras, académicas, escritoras, profesionales independientes, presidentas de organizaciones empresariales y un largo etcétera, presentadas como figuras relevantes y citadas como opiniones de refererencia, y creo; quizas (una vez más) ingenuamente, que esa normalidad genera en el resto de la sociedad, incluso en aquellos estratos donde esa paridad no es la norma, la sensación de que es posible y deseable, y correcta.

Por todos estos motivos me quedé tristemente asombrado al escuchar datos y comentarios en el encuentro de mujeres en la cultura (Zaragoza, 27 y 28 de noviembre de 2012) A lo largo de dos días se hizo un diagnóstico descarnado de la situación de la mujer en la cultura, apoyado en estudios y datos que demuestran que la participación femenia es muchas veces marginal, habitualmente relegada a puestos de escasa relevancia y en el mejor casos, excepciones que confirman la regla.  Al principio, pensé que asistía a una reflexión centrada en España, claramente mi sorpresa en ese campo era escasa: Un país que hace 50 años exigía a una mujer que quisiera viajar sóla una autorización escrita de su marido, puede evolucionar, pero las estructuras sociales solo dan verdaderos pasos adelante con el cambio generacional. El segundo día del encuentro se hizo evidente sin embargo que hablabamos de un problema con dimensión mucho más amplia, profesionales con experiencia internacional planteaban su conocimiento de situaciones análogas en otros puntos de occidente... ¡El problema es sistémico!

No es mi intensión en este espacio profundizar sobre estos datos, sino reflexionar sobre sus consecuencias. Siempre me ha llamado la atención la sabiduría del concepto taoista de ying y Yang: Dos fuerzas complementarias, opuestas e indispensables para la el equilibrio de la vida. Comparto con ese modelo de pensamiento la convicción de que hombres y mujeres no son iguales (por suerte) sino equivalentes. El concepto de igualdad es a mi entender un profundo error en si mismo ya que exige la "demostración de competencia" en el "campo validador" para que la mujer alcance el merecido respeto y valoración social. Y como el campo validador es aquel que ha ocupado el hombre, obliga es a que la mujer demuestre su competencia en un mundo hecho a imagen del hombre en lugar de buscar un nuevo modelo en el que ambas fuerzas confluyan (fue interesante recoger varias experiencias de artistas femeninas que habían visto premiada su obra porque quienes debían seleccionar pensaban que era hecha por un hombre). La perspectiva femenina y másculina siempre serán opuestas y por ende ontológicamente complementarias. Esa conciencia debería bastar para buscar constantemente su participación en todos los aspectos de la vida, a fin de que nuestra lectura de la misma sea la más completa posible. Entiendo sin embargo que en el proceso de reconversión, el concepto de igualdad pueda ser necesario, no un punto de llegada, sino una ruta.

Una vez definido lo anterior, me resulta penoso que la mujer haya sido (y siga siendo) sistemáticamente marginada de la vida pública y más concretamente de la vida cultural de una sociedad (que es el ámbito en el que se construyen los imaginarios sobre los que se crean los arquetipos de conducta) es, por un lado el irrespeto a la dignidad y al derecho de un ser humano a contar su realidad, a crecer hasta donde sus límites y sus capacidaes puedan llevarle, y por otro lado, la prueba de que, por una patética necedad y falso sentido de superioridad de uno de los dos elementos de la ecuación, la humanidad se haya perdido toda la riqueza que le hubiese podido ser aportada si esas generaciones de mujeres hubiesen visto reconocido su derecho a cultivar sus capacidades y aportar su conocimiento.

Muchas veces me he encontrado reflexionando sobre mi vida y sobre una serie de decisiones que determinaron la forma y los escenarios en los que la he vivido. Muchas veces me he preguntado, por simple ejercicio de curiosidad, que habría ocurrido si en tal o cual momento hubiese girado a la derecha en lugar de la izquierda o hubiese elegido si cuando dije no. No se si hubiera sido mejor, pero si se que hubiese sido completamente distinto y no puedo dejar de fantasear con esos universos paralelos. Traslado esa curiosidad a este campo, con una diferencia. A la luz de todas las violencias, las destrucciones, las vejaciones que la humanidad se ha causado a si misma, creo que ese universo paralelo en el que las mujeres hubiesen participado más activamente habría sido mejor, inevitablemente.

Los datos de últimos años, aportados en el encuentro, la apuesta de la Unión Europea por la igualdad de género, auguran que ese momento empieza a ser presente. Ojalá que tengamos la capacidad impulsarlo de corazón, en todos los campos, para beneficio de todos.

II encuentro de mujeres en la cultura, web Procura