Hoy me encontré con un artículo de periódico que comentaba - y comparaba - la masacre en Noruega y la hambruna en el Cuerno de África. El autor cerraba el artículo con una frase lapidaria: Un cadaver humano sigue siendo humano, sea noruego o somalí. Cerraba de esta manera su reflexión sobre la diferencia de intensidad que la indignación que ambas tragedias despierta en occidente.
Espero sinceramente que su frase esté fuera de sitio. Sin embargo el resto de la tarde me lo he pasado pensando en el tema: ¿Cual sería la razón por la cual la muerte de ochenta y tantos jóvenes noruegos a manos de un fanático demente pueda crear una ola de solidaridad internacional, mientras que la muerte de miles de individuos subsaharianos - desde bebés hasta ancianos -casi no llame la atención? Puede haber varios factores: La distancia, que genera una sensación de ajeno, (por mas que internet nos haya acercado, una tragedia alimentaria sigue siendo una cosa que pasa allá, lejos de nuestro mundo confortable); la disonancia, que crea sensación de seguridad (podemos sentirnos amenazados por un fanático armado, la hambruna no parece un peligro para occidente). Sin embargo, creo que la palabra clave para entender la diferencia es "normalidad". Aunque muchas veces asociamos "normal" a "correcto", el sentido real de la palabra tiene más que ver con "habitual", y es ese hábito lo que genera la aceptación, más o menos conformada, de un hecho. Suele parecernos aceptable que una mujer tenga hijos a los 34 años, porque es lo habitual en nuestra sociedad, sin embargo, ver a una mujer de 18 años con un hijo de meses en los brazos nos parece penoso. (en otras sociedades ocurriría al contrario). Lo habitual se vuelve aceptado y por aceptable, deja de ser llamativo.
Llevamos demasiados años sabiendo que África padece hambre, que padece enfermedades benignas que se vuelven mortíferas y enfermedades mortíferas que se vuelven epidemias. Además, está la visión simplificadora que convierte a cincuenta y tres países que ocupan casi diecinueve millones de Kilómetros en un vecindario, gracias a lo cual los problemas de Cabo Verde y de Mozambique son la misma cosa.
Lo grave entonces es otro asunto: Es evidente que los dueños del poder y los de la pasta, que para el caso son lo mismo, no tienen el menor interés en resolver el problema. Un problema que no existe si hacemos caso a la FAO, según la cual la producción alimentaria del mundo basta para abastecer al doble de la población actual. Un problema que solo tiene razón de ser porque hay estructuras e individuos que se benefician de que esto este pasando y les importa un carajo cuantos se mueren a cambio.
Lo grave es otro asunto: Comprobar que la solidaridad puede ser sólo un formulismo para anestesiarnos la conciencia: Resulta más fácil (y más barato) escribir un mensaje de solidaridad, poner cara de circunstancia o una banderita en el balcón. Total, los muertos ya está muertos y el asunto queda allí. En el otro caso es mejor hacerse el tonto, mirar para otro lado, los muertos se están muriendo y puede ser más cómodo no pensar en que podríamos hacer una acampada frente las sedes de aquellos que se están beneficiando para exigirles que se dediquen a otra cosa (o por lo menos, hacer un donativo a alguna de las instituciones que están trabajando en el terreno).
Al final, hay algo que no me queda claro: ¿Las cosas se vuelven normales porque nos habituamos a ellas o porque no estamos dispuestos a hacer nada para que cambien?
sábado, 30 de julio de 2011
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Carta abierta contra el cierre del Itae
CARTA ABIERTA DEL ITAE A LA CIUDADANIA
Guayaquil, 11 de noviembre de 2009
Desde la misma fundación del ITAE, el Banco Central ha incumplido sus compromisos con una institución que fue creada por él mismo.
Durante meses, el Presidente de su actual Directorio, Ingeniero Carlos Vallejo, se ha negado a atender a los directivos y alumnos del ITAE, delegando en los mismos tecnócratas que en tiempos de Lucio Gutiérrez ya intentaron enterrar y aniquilar un proyecto artístico y universitario sin precedentes en Guayaquil y en toda la costa ecuatoriana.
Un Instituto que con todo en contra, empezando por el boicot sistemático de su propio promotor, ha logrado en apenas cinco años convertirse en una referencia crucial del arte y la educación universitaria en el país, como lo demuestran los más de 60 premios nacionales e internacionales que nuestros alumnos y profesores han recibido.
Por su parte, el Ministro de Cultura, Ramiro Noriega, ha sido incapaz de hacer implementar las políticas que, con respecto al ITAE, él mismo entiende y ha defendido como las más sencillas e indicadas.
Hoy el ITAE esta a punto de desaparecer. No es posible que justamente en esta época se condene a los artistas a convertirse en limosneros o en mártires. Por ello, los alumnos y profesores del ITAE exigimos que el Ing. Vallejo, el Ministro Noriega y quien sea que ocupe la Gerencia General del Banco, con todo y sus asesores, se reúnan en Guayaquil con nosotros, para en un día de trabajo dar una solución definitiva a nuestra problemática.
Asimismo, solicitamos a todos y a todas quienes conocen el trabajo, el rigor y el compromiso del ITAE, en el Ecuador y fuera de el, a solidarizarse con nosotros. Nuestra decisión, hasta que se realice la reunión que estamos exigiendo, no será la de suspender ni interrumpir nuestra actividades docentes y creativas, sino la de desplazar las mismas hasta el edificio de la Sucursal Mayor del Banco Central en Guayaquil.
Ahí, al aire libre, en contra del imperio de la tecnocracia, vamos a reafirmar el valor de nuestro trabajo, desarrollando todas nuestras actividades, abiertas a que la ciudadanía en general, participe de ellas.
Atentamente,
Los estudiantes y profesores del ITAE
Guayaquil, 11 de noviembre de 2009
Desde la misma fundación del ITAE, el Banco Central ha incumplido sus compromisos con una institución que fue creada por él mismo.
Durante meses, el Presidente de su actual Directorio, Ingeniero Carlos Vallejo, se ha negado a atender a los directivos y alumnos del ITAE, delegando en los mismos tecnócratas que en tiempos de Lucio Gutiérrez ya intentaron enterrar y aniquilar un proyecto artístico y universitario sin precedentes en Guayaquil y en toda la costa ecuatoriana.
Un Instituto que con todo en contra, empezando por el boicot sistemático de su propio promotor, ha logrado en apenas cinco años convertirse en una referencia crucial del arte y la educación universitaria en el país, como lo demuestran los más de 60 premios nacionales e internacionales que nuestros alumnos y profesores han recibido.
Por su parte, el Ministro de Cultura, Ramiro Noriega, ha sido incapaz de hacer implementar las políticas que, con respecto al ITAE, él mismo entiende y ha defendido como las más sencillas e indicadas.
Hoy el ITAE esta a punto de desaparecer. No es posible que justamente en esta época se condene a los artistas a convertirse en limosneros o en mártires. Por ello, los alumnos y profesores del ITAE exigimos que el Ing. Vallejo, el Ministro Noriega y quien sea que ocupe la Gerencia General del Banco, con todo y sus asesores, se reúnan en Guayaquil con nosotros, para en un día de trabajo dar una solución definitiva a nuestra problemática.
Asimismo, solicitamos a todos y a todas quienes conocen el trabajo, el rigor y el compromiso del ITAE, en el Ecuador y fuera de el, a solidarizarse con nosotros. Nuestra decisión, hasta que se realice la reunión que estamos exigiendo, no será la de suspender ni interrumpir nuestra actividades docentes y creativas, sino la de desplazar las mismas hasta el edificio de la Sucursal Mayor del Banco Central en Guayaquil.
Ahí, al aire libre, en contra del imperio de la tecnocracia, vamos a reafirmar el valor de nuestro trabajo, desarrollando todas nuestras actividades, abiertas a que la ciudadanía en general, participe de ellas.
Atentamente,
Los estudiantes y profesores del ITAE
viernes, 2 de octubre de 2009
Entre brumas y fragmentos Curaduría, arte y autarquia.
En la praxis contemporánea del arte, la exposición cumple con la función de modelar la percepción de la sociedad en la que se inserta (ya que ella valida un código estético, un sistema conceptual, una ideología y una praxis artísticas), por estas razones el curador resulta una figura de indudable trascendencia. Una figura que ha ido definiendo su función y su espacio a lo largo de las últimas décadas para llenar el vacío dejado por la pérdida del valor estético e incluso de la “capacidad de asombro” de la obra de arte, que ha cedido protagonismo al discurso (a la reflexión social, política, cultural, que este plantea) el cual se expresa en el campo estético.
En un proceso en el cual la autonomía discursiva de la obra de arte parece ceder terreno -o al menos encontrar apoyos y amplificaciones necesarias para su consolidación- en el diálogo que se establece al interior de la exposición, la figura del curador como constructor de sentido establece urgencias que deben ser respondidas, sin embargo, la curaduía en si misma sigue siendo un espacio brumoso, donde la variedad de posturas (el curador como autor, tamizador, intermediario, promotor, interprete, etc.) dificultan la estructuración de un modelo formativo que satisfaga a todos. ¿Como establecer los límites de una disciplina cuando la materia de la cual ésta se ocupará se encuentra en mutación constante como producto de la reflexión en la cual se haya inmersa? ¿Cual sería el modo adecuado de transmitir esta disciplina de bordes difusos a aquellos interesados en desarrollar su práctica? ¿Cual la manera de abordar la práxis cuando tenemos conciencia de que los simulacros de verdad sobre los que se constituían nuestras certezas se han diluido, dejando en su lugar un espacio que se debate entre la intuición personal y los restos del discurso académico tradicional?
(Texto escrito para la introducción del número 7 de la publicación IMPASSE, del Centro de Arte La Panera de Lleida)
En un proceso en el cual la autonomía discursiva de la obra de arte parece ceder terreno -o al menos encontrar apoyos y amplificaciones necesarias para su consolidación- en el diálogo que se establece al interior de la exposición, la figura del curador como constructor de sentido establece urgencias que deben ser respondidas, sin embargo, la curaduía en si misma sigue siendo un espacio brumoso, donde la variedad de posturas (el curador como autor, tamizador, intermediario, promotor, interprete, etc.) dificultan la estructuración de un modelo formativo que satisfaga a todos. ¿Como establecer los límites de una disciplina cuando la materia de la cual ésta se ocupará se encuentra en mutación constante como producto de la reflexión en la cual se haya inmersa? ¿Cual sería el modo adecuado de transmitir esta disciplina de bordes difusos a aquellos interesados en desarrollar su práctica? ¿Cual la manera de abordar la práxis cuando tenemos conciencia de que los simulacros de verdad sobre los que se constituían nuestras certezas se han diluido, dejando en su lugar un espacio que se debate entre la intuición personal y los restos del discurso académico tradicional?
(Texto escrito para la introducción del número 7 de la publicación IMPASSE, del Centro de Arte La Panera de Lleida)
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